martes, 22 de noviembre de 2011

MICROANTOLOGÍA DEL MICRORRELATO III



Ya está a la venta la Microantología del microrrelato III, en la que aparece publicado mi relato "El fiscal". Figuran en la antología microrrelatos de autores clásicos como Kafka, Bierce, Lugones, Chéjov o Bulgakov, de microrrelatistas actuales consagrados como Eduardo Berti, Patricia Esteban Erlés o Sergio Gaut vel Hartman, y de los habituales de la nómina de Irreverentes: Miguel Ángel de Rus, Nelson Verástegui, Jorge Majfud o Andrés Fornells entre otros. Un privilegio estar al lado de todos ellos. 

viernes, 18 de noviembre de 2011

NUEVA TRAVESÍA EN LA NAVE DE LOS LOCOS



Pues eso. Que Fernando Valls ha tenido de nuevo la gentileza de subirme hoy a bordo de su embarcación con un par de micros. Gracias desde aquí. Además me hace especial ilusión porque ambas piezas van con una dedicatoria a dos personas especiales: Rosana Alonso (una muy buen amiga blogger) y Dani García (un gran amigo de la carrera, quien me pidió que le dejara la historia de "Claro de bosque" para un relato que se le ocurrió cuando se la conté; le dije que esperara, que si no la llevaba adelante se la dejaría. De eso hará no menos de siete u ocho años). 

Por otro lado, hay un detalle que también me llena de orgullo: veo la nómina de La nave de los locos de noviembre y veo que aparezco junto a Gabriel de Biurrun, Jesus Esnaola (dos de mis mejores amigos blogger), María Fabiana Calderari, Pedro Herrero o Ginés Cutillas. Casi ná. 


Estoy muy contento.
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*La foto es el fantástico cuadro de José Manuel Broto con el que Fernando Valls ilustra los micros. 

sábado, 15 de octubre de 2011

ASESINATOS PROFILÁCTICOS (Antología del relato negro IV)


Ya está a la venta Asesinatos profilácticos, la IV Antología del relato negro, publicada por Ediciones Irreverentes. Por ahí aparece mi microrrelato "Medio segundo antes". Figuran en la antología relatos de autores muy vinculados al género negro como Cristina Fallarás, Willy Uribe o Raúl Argemí, y otros de los habituales irreverentes Miguel Ángel de Rus, Andrés Fornells o el reciente ganador del III Premio Centroamericano de Novela Corta, Kalton Harold Bruhl. La edición corre a cargo de Santiago García Tirado.

viernes, 23 de septiembre de 2011

LA IMPORTANCIA DECISIVA DE LOS PRONOMBRES

Algunos cambios son imperceptibles: vienen amortiguados por la rutina. Por otra parte, el uso de los pronombres, en ocasiones, adquiere una relevancia mayor de la esperada. Y a veces, incluso, todo ocurre en un jardín. En el jardín de la casa nueva. En el jardín que él limpió de hierbajos primero y plantó de césped después. En el jardín en el que ella trasplantó begonias, margaritas, geranios y una gardenia. El jardín que cuidaban ambos, alternativamente. Hoy riego yo, cariño. Hoy riegas tú, cielo. Y el mundo y la vida adoptando en aquellos momentos formas algodonosas.

Pero imperceptiblemente la tendencia cambia. Y él, cuando riega, ya solo riega el césped, y ella, cuando riega, solo riega sus flores. Y ocurre que él un día se asoma al jardín mientras ella riega sus flores y dice, eh, a ver si vas con cuidado con mi césped, que ya te he dicho que he replantado esa zona. El aire se carga entonces de un intenso olor a azufre. Ella se revuelve con otras palabras que avanzan enseñando dientes y rencor: con el mismo cuidado con el que tú pasas el cortacésped y te cargas mis flores. Él se bate en retirada mascullando algo, pero sin dar mayor importancia. Ella, en cambio, percibe de inmediato que algo se ha roto definitivamente.

martes, 23 de agosto de 2011

GANADOR DEL VIII PREMIO INTERNACIONAL SEXTO CONTINENTE DE RELATO BREVE



Pues eso, que he resultado uno de los dos ganadores del premio que organiza el programa Sexto Continente y quería compartir mi alegría con vosotros. El microrrelato que presenté es "El fiscal", y alguno ya lo leyó en su momento. Dejo el enlace con la información sobre ganadores y finalistas y cuelgo el micro de nuevo para quienes no lo hayan leído todavía:



EL FISCAL

Vuelve a hacerse real aquel olor de surcos profundos, incrustado desde hace tanto en algún lugar entre su nariz y su conciencia. Siempre le ocurre en los recesos de las vistas finales, cuando tiene que salir impulsado hacia el servicio a lavarse frenéticamente las manos: es lo único que lo alivia. Nadie, sin embargo, conoce su manía. Nadie imagina que un fiscal del Tribunal Supremo, tan agresivo en los interrogatorios, tan implacable en la lucha contra la pederastia que lo ha hecho mediático, muestre esa debilidad ante un espejo. El fiscal acaba su ceremonia. Y mientras se dirige a la puerta y va recobrando su porte de plomo, desde el espejo se lo queda mirando un monaguillo de doce años de ojos asustados, que ha ido a casa de don Venancio a buscar un paraguas y que recibe las primeras caricias aviesas de unas manos que siempre apestan a sardinas.



sábado, 20 de agosto de 2011

ALGUNOS ASPECTOS SOBRE EL MICRORRELATO II (Aproximación a qué es y qué no es un microrrelato)


Dejo el segundo apartado que prometí. Este tiene quizás mayor relación con el artículo de Antonio Serrano Cueto que inspiró estas entradas.

1.2 Los rasgos característicos del microrrelato y sus diferentes tipos

Cuando surge un nuevo género y éste empieza a cobrar conciencia de autonomía con respecto a las fuentes de las que bebe, lo primero que habría que plantearse sería qué factores, qué rasgos diferenciales, son los que inciden de manera determinante para que vaya adquiriendo entidad propia. En el caso del microrrelato, como ya ha quedado demostrado, su vinculación con patrones y fórmulas clásicas es evidente. También se ha empeñado la crítica en asociarlo con el poema en prosa por su naturaleza elíptica, por su intensidad o por su depuración del lenguaje. Pero hay algo básico que lo desmarca sustancialmente de unos y de otros: la narratividad. Es decir, un microrrelato, para considerarlo como tal, además de ser breve, debe poseer la cualidad de contar una historia. Y desde esa perspectiva, el microrrelato poco tiene que ver con el poema en prosa. Por una razón fundamental: cualquier pieza narrativa hiperbreve, por más elíptica y alegórica que sea, por más que muchas veces potencie la dimensión intertextual y por lo tanto requiera de un lector culto que comprenda en toda su amplitud el mensaje del autor, por más que acostumbre a jugar con el desconcierto del destinatario, tiene un argumento superficial relativamente fácil de resumir. ¿Por qué? Pues porque, al contrario de lo que ocurre con el género poético, no se produce una dislocación entre el significante y el significado. O, por decirlo de otra manera, varía el código de referencialidad. Es decir, cuando un lector se enfrenta al celebérrimo cuento de “El dinosaurio” puede quedar perplejo, descolocado, intrigado por no saber a qué se debe la situación expuesta en esa línea. Pero sabe que allí, en el lugar de la acción, hay alguien que se ha despertado y hay un dinosaurio que, a tenor de la presencia del adverbio “todavía”, ya debía hacer tiempo que estaba. La poesía en cambio, pese a trabajar con los mismos significantes, entreteje toda una red de significados propios. La relación entre el significante y el significado no es la misma que en el lenguaje referencial y buena prueba de ello son algunos procedimientos líricos como la metáfora, el símbolo o la sinestesia. No sólo eso, porque dichos procedimientos también se pueden utilizar en narrativa sin que ello vaya en menoscabo de la narratividad. La clave está en que la experiencia poética no busca contar sino cantar y por ese motivo potencia más otras posibilidades del lenguaje como la musicalidad, la sonoridad o el ritmo, y prescinde de otros componentes –por ejemplo los verbos de acción– claves para conferirle narratividad a cualquier pieza literaria. Los puntos de contacto si acaso habría que buscarlos en el hecho de que ambos, tanto la lírica como la micronarrativa, deben ser extremadamente precisos en la elección del lenguaje y extremadamente intensos en el efecto sobre el lector. Como ejemplo de lo que no considero un microrrelato sino más bien un texto en prosa poética pero que sin embargo Lauro Zavala (2002: 46) incluye en su antología sobre el minicuento mexicano transcribo este texto de Guillermo Samperio:

Quizás porque el sueño me llevó a un lugar lejano. Quizás porque durante la noche tu cuerpo navegó con el mío en los pliegues calmos de la blancura. Quizás porque al despertar, la recámara fue la prolongación de la penumbra sepia del alba. Quizás porque al entreabrir mis párpados tu desnudez me llevó a la arena tibia. Quizás porque tu sonrisa en la frontera del duermevela te hizo leona apacible mirándome. Quizás porque en esa aurora, entre muchas, la habitación sólo fue tuya. Quizás porque solamente estabas allí.

(“Amanecer”, Guillermo Samperio)

Es evidente que el texto, además de por su marcado lirismo, se caracteriza por una ausencia total de acción, por la falta de una historia que contar. La composición reproduce un sentimiento de plenitud del yo lírico ante el recuerdo de la presencia de la amada, pero carece de cualquier narratividad, motivo, creo que suficiente, como para no considerarlo dentro del género de la micronarrativa.

La narratividad es un primer rasgo, quizás el fundamental, y he acudido a él básicamente para intentar demostrar que el microrrelato no se relaciona estrechamente con el poema en prosa porque la narrativa y la lírica utilizan códigos de expresión muy divergentes. Ahora bien, el análisis del resto de las características definitorias me conducirá casi obligadamente a la exposición de las diferentes realizaciones y posibilidades del relato hiperbreve.

Una primera opción es que el microrrelato, como quedó apuntado en el apartado anterior, escoja el género fabulístico o parabólico como patrón literario. Pero en este caso lo que diferenciará al microrrelato de sus antecedentes no será la narratividad porque tanto la parábola como la fábula también contaban una historia. La diferencia recaerá en que la minificción prescinde justamente de aquello que caracterizaba a sus modelos: la voluntad aleccionadora explícita. En la nueva modalidad, la crítica o la reflexión que suscita la anécdota está mucho más larvada a través del distanciamiento del narrador. Es un tipo de composición que requiere de un lector perspicaz y medianamente culto, capaz de sacar sus propias conclusiones a partir del texto. Algo parecido ocurre con aquellos microcuentos que, sin adueñarse propiamente de fórmulas clásicas, aprovechan el reducido espacio de la minificción para dar nuevas perspectivas de obras o mitos presentes en el imaginario colectivo de la comunidad lectora. La ironía, de nuevo, es el instrumento que posibilita la reformulación. Como en el caso de “El precursor de Cervantes”, en el cual Marco Denevi ofrece, remedando hábilmente la prosa cervantina, una relectura de el Quijote: ahora es Aldonza Lorenzo quien enloquece leyendo novelas de caballerías y mediante su delirio crea los personajes de la ficción cervantina. Ella misma se cree Dulcinea del Toboso e idea un apuesto caballero andante, Don Quijote de La Mancha, del que se enamora perdidamente y cuya llegada espera ansiosa. Al final, un “hidalgüelo de los alrededores, que la amaba, pensó hacerse pasar por don Quijote”[1]. Armó una vieja armadura y se lanzó en busca de aventuras con tal de conquistar el corazón de la moza. Cuando llegó al Toboso, seguro de su éxito, Aldonza había muerto de tercianas. El relato, escrito en evidente clave de humor, proporciona una nueva versión del mito que provoca en el lector un sentimiento ambivalente: por un lado cierta alegría por el personaje de Alonso Quijano porque por un instante se crea la ilusión de que éste nunca estuvo loco y por lo tanto nunca sufrió las desventuras que le ocasionó su demencia; por el otro cierta tristeza porque si así hubiera sido nunca hubiera tenido el placer de asistir a la narración de unos hechos que en su momento le cautivaron. Por último, cierto alivio al comprobar, una vez desecho el encanto de la minificción, que afortunadamente Don Quijote de La Mancha existe en su imaginación tal y como lo ideó Cervantes. Además de todo, lo que llama la atención en esta pieza es el destello de lucidez, el enfoque tan ocurrente, del que es capaz Denevi. Y ese es otro rasgo importante de la narrativa hiperbreve. Las composiciones de este tipo, esto es, las que se articulan en base a algún tipo de reformulación, se sustentan en una especie de ingenioso fogonazo. Y ese fogonazo o destello requiere de un espacio muy limitado para que no se diluya su efecto, de forma que la extrema brevedad sería una cualidad inherente a este tipo de reelaboraciones. Sin embargo, y para eso está el genio de los artistas, hay que saber medir muy bien el humor y la ocurrencia para no caer en el chascarrillo fácil, en la gracia evidente, como le sucede al colombiano Álvaro Cepeda en el siguiente texto:

Una vez un gringo aventurero resolvió fundar un cine en un minúsculo y remoto pueblecito del corazón de África. La noticia rodó como un incendio por los alrededores. El día de la inauguración, todos los leones de la zona llegaron a la entrada de la tolda donde funcionaba el cine. Porque los leones se habían dicho:

–Vamos, que a lo mejor la película es de la Metro y ahí salimos en todas.

(“Una vez un gringo aventurero”)[2]

Otra posibilidad que presenta la micronarrativa es la de reformular frases hechas. Generalmente se elabora una pequeña historia mediante un procedimiento según el cual se adopta el sentido literal de expresiones metafóricas. Los ejemplos son múltiples:

–¡Antes muerta!– me dijo. ¡Y lo único que yo quería era darle gusto!

(Max Aub, Crímenes ejemplares, p. 18)

No pude creerlo hasta que les descubrí. Muchos me lo habían advertido. En aquel momento ella, asustada, dejó de maullar, pero él, que no se daba cuenta de que les estaba mirando, todavía siguió ladrando un rato[3].

(“Amantes”, Luis Mateo Díez)

Sin embargo, no todas las posibilidades del microrrelato se reducen a la reelaboración de mitos, tópicos, frases hechas o géneros de raigambre clásica. Es cierto que gran parte de las composiciones exploran ese terreno, pero existe otra opción, no menos atractiva, que se vincularía más con el cuento de corte más canónico. Estos minicuentos, sin tomar como punto de partida un modelo genérico, presentan en pocas líneas un inquietante universo de sentido. Potencian al máximo las posibilidades de la elipsis y la sugestión, y suelen turbar el ánimo del lector, bien con un final sorpresivo, bien con un final desconcertante e inexplicable. De ahí que en muchas ocasiones aparezcan como solución a la situación planteada elementos sobrenaturales o fantasmagóricos. Cabe destacar también que estas piezas suelen ofrecer dos desarrollos opuestos desde el punto de vista temporal: por un lado estarían algo así como las “vidas en miniaturas”, en las que el autor abarca un amplio periodo temporal supeditado a una resolución impactante; “Tatuaje” de Ednodio Quintero (Arias García (ed.), 2004: 212) sería un ejemplo paradigmático; por otro lado estarían aquellos microrrelatos que concentran su acción justo en los instantes precedentes al desenlace de una situación. Aprovechando el concepto de “último minuto” que Andrés Neuman ofrece en el apéndice teórico de su segundo libro de cuentos titulado precisamente así, El último minuto, yo diría que este segundo tipo de composiciones serían algo así como “el acecho narrativo del instante final”. Minicuentos como el “crimen ejemplar” de Max Aub (1996: 20) en el que el protagonista narra cómo el tintineo de una cucharilla de café lo induce al homicidio o “Paternidad responsable” de Carlos Alfaro, que a continuación transcribo, serían buenos ejemplos de esta variante:

Era tu padre. Estaba igual, más joven incluso que antes de su muerte, y te miraba sonriente, parado al otro lado de la calle, con ese gesto que solía poner cuando eras niño y te iba a recoger a la salida del colegio cada tarde. Lógicamente, te quedaste perplejo, incapaz de entender qué sucedía, y no reparaste ni en que el disco se ponía rojo de repente ni en que derrapaba en la curva un autobús y se iba contra ti incontrolado. Fue tremendo. Ya en el suelo, inmóvil y medio atragantado de sangre, volviste de nuevo tus ojos hacia él y comprendiste. Era, siempre lo había sido, un buen padre, y te alegró ver que había venido una vez más a recogerte.

(Arias García (ed.), 2004: 85)

En cualquier caso, ambos tipos parecen derivar claramente del cuento clásico. Poseen sus mismas características pero llevadas hasta sus últimas consecuencias. Como si el cuento fuera sometido a un proceso radical de decantación, fuera purgado de todo aquello prescindible hasta cierto punto, y lo que quedara de él sólo fuera el esqueleto.

Para acabar con este apartado solamente decir que los tipos de microrrelatos ofrecidos evidentemente no son los únicos posibles pero quizás sí los más relevantes. Hay casos por ejemplo en los que se explora la dimensión metalingüística o metaliteraria, de modo que el género breve se convierte en vehículo de reflexión teórica. En otros, se conjugan varios de los tipos arriba expuestos y algunos otros tienen una naturaleza tan elíptica y tan ambigua que el título se convierte en el único asidero de sentido. Por último comentar que, respecto a la tipología del microrrelato, críticos como Lagmanovich, Raúl Brasca o Andrés-Suárez han apuntado en sus estudios en direcciones bastante parecidas a la ofrecida en esta sección.



[1] Antonio Fernández Ferrer (ed.) (1990), La mano de la hormiga. Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas, Fugaz, Madrid, p. 160.

[2] Henry González (ed.) (2002), La minificción en Colombia, Universidad Pedagógica Nacional, Colombia, p. 38.

[3] Fernández Ferrer (ed.) cit., p. 174.

jueves, 18 de agosto de 2011

ALGUNOS ASPECTOS SOBRE EL MICRORRELATO I


A propósito de la extraordinaria reflexión que el otro día colgó el profesor Antonio Serrano Cueto en su blog, titulada "La banalización del microrrelato", y del debate prolífico que se generó, tanto en el propio blog del autor El baile de los silenos, como en la red social Facebook a partir del enlace a la entrada que compartió Jesus Esnaola, pensé en que podía resultar interesante divulgar aquí un par de apartados de un trabajo de Doctorado que realicé en la UAB para una asignatura sobre el microrrelato impartida por Fernando Valls. Ofreceré dos entregas, y el recorrido por los orígenes del microrrelato y por su tipología son bastante someros porque formaban parte de un trabajo mayor en el que estudiaba los microrrelatos de Andrés Neuman. Dichos apartados, además, escritos hace seis años, no tienen en cuenta, ni mucho menos, la extraordinaria proliferación del género en los últimos tiempos gracias a las nuevas tecnologías, y están ligeramente desfasados en sus referencias bibliográficas, pues en estos seis años la cantidad de estudios relativos al microrrelato ha sido ciertamente abundante. Como digo serán dos partes: en la primera se aborda el origen de la micronarrativa y sus antecedentes de género, y en la segunda, entroncando más con el artículo de Antonio Serrano Cueto, se intentan acotar un poco los límites de lo que es o no es un microrrelato analizando su diferente tipología. Ahí lo dejo:

1.1 Origen, motivaciones y antecedentes genéricos

La propia naturaleza del microrrelato, esto es, su carácter híbrido, proteico, multiforme, el hecho de que recupere y revise géneros de tradición clásica tales como el aforismo, la sentencia, la anécdota, la fábula, la parábola, así como temas y fórmulas más propios de la tradición oral o del folclore, provoca que las versiones acerca de sus antecedentes de género sean múltiples. Así, por ejemplo, Lagamnovich (1996: 23-25) lo vincula, a través del rasgo definitorio de la brevedad, al haiku japonés. El crítico argentino no considera propiamente que el poema breve de origen oriental sea un antecedente directo del microcuento hispánico, pero recurre a él en su estudio en tanto en cuanto se trata de una forma de expresión literaria muy arraigada que explota sus potencialidades mediante una extrema concisión formal. Por lo demás, Lagmanovich se vale de la oposición entre el haiku y el microrrelato para definir las características principales de este último. Juan Armando Epple (1988: 31-33) por su parte, establece un origen básicamente dual: la micronarrativa, en sus diferentes materializaciones, recoge ecos tanto de la tradición oral o folclórica como de la tradición culta o –como él la llama– “libresca”. Respecto al primer caso, “son textos que buscan plasmar a la vez la frescura coloquial del lenguaje de una comunidad y sus claves culturales. El narrador es sólo una figura intermediaria que oye y transcribe una historia cuya autoría se adjudica a la comunidad”. En relación con aquellos relatos que mantienen una relación intertextual con la tradición clásica Epple destaca la predilección de muchos cultivadores de la minificción por la fábula. Ésta abandona en su versión contemporánea su voluntad eminentemente moral y aleccionadora para, a través de la ironía y la sátira, mostrar una visión descarnada de los males de las sociedades actuales. Tal y como señala Enrique Turpín (2001: 732) en su estudio sobre el funcionamiento de la fábula actual “la ironía tiende, por su propia naturaleza, a proporcionar las herramientas que conducen a descubrir la realidad subyacente en las apariencias”. En cambio, Pilar Tejero (2001: 713-728) considera que el germen de la micronarrativa hay que buscarlo en la tradición literaria de la anécdota, cuyo origen, en la cultura occidental, se remonta a la Antigüedad clásica. Tejero, además, y eso es lo más novedoso de su planteamiento, "no reconoce que el microrrelato sea un producto de la revolución literaria puesta en marcha por el Modernismo o los movimientos vanguardistas de principios de siglo XX". Es decir, en general la crítica, pese a no acabar de coincidir a la hora de establecer el antecedente genérico del microrrelato, se muestra bastante unánime en cuanto a determinar las causas que motivaron su aparición. Y parece que esas causas tienen bastante que ver con un cambio en la concepción del mundo coincidente con el cambio de siglo. Los movimientos rupturistas tanto del Modernismo como de las vanguardias se propusieron acabar con los grandes discursos totalizadores del siglo XIX. Se inetentó explorar una vía diametralmente opuesta, según la cual la realidad no sólo se explicaba a través de una perspectiva unívoca y totalizante. A este respecto funcionaría como ejemplo paradigmático la máxima que Ortega y Gasset ofreció en Meditaciones del Quijote: "hay tantas realidades como puntos de vista". Esa nueva manera de encarar el mundo, esa predilección por el fragmentarismo y la simplificación del discurso, no sólo afectó al ámbito de la literartura, sino que se extendió en el ámbito de las artes en general y en el filosófico. Valls (2001: 642) menciona a los filósofos Nietzsche y Schopenhauer como figuras capitales y precursoras de la nueva cosmovisión. Lagmanovich (1996: 21) recuerda que el rechazo por la ornamentación exagerada, por lo superfluo, y el consiguiente gusto por lo esencial, por lo estrictamente necesario, fue una corriente que englobó todas las artes de la modernidad: ofrece como ejemplos la música de los compositores vieneses de principios de siglo (Schonberg, Webern) y la experiencia constructiva de la Bauhaus alemana. También sería pertinente el caso de pintores vanguardistas como Piet Mondrian cuya máxima principal fue la simplificación extrema de las formas y los colores. Por decirlo de alguna manera, con la entrada en el nuevo siglo, el todo, el universo, se podía manifestar en lo más nimio, en lo más insignificante. En ese contexto se gesta el microrrelato, aparece justo ahí, en un momento en el que hay un importante caldo de cultivo a partir del cual poder potenciar al máximo las posibilidades de lo breve. Difícilmente se puede desvincular esa nueva expresión literaria de las corrientes artísticas y de pensamiento que hay de fondo. La búsqueda en las fuentes clásicas sería posterior a la finalidad primera del microrrelato. Por decirlo así, primero existe la voluntad artística de cultivar lo breve y después se rastrean las fórmulas que mejor encajan en esa nueva manera de afrontar la experiencia literaria. No al revés como pretende Tejero. De ahí también la dificultad expuesta unas líneas más arriba acerca de los antecedentes de género, porque cada autor recurre según su conveniencia y su criterio artístico al género que él considera que se adapta mejor a la nueva estética. Por lo tanto, habrá tantas influencias genéricas como tipos de microcuentos. El estudio de las fuentes debería ser consustancial al de la tipología, y como se verá en el siguiente apartado, no resulta tarea fácil determinar cuántos tipos y subtipos de microcuentos existen, con lo cual no es de extrañar la controversia que suscitan ambos. Así las cosas, el único aspecto sobre el que parece que no existen demasiadas disensiones es el hecho de que el microrrelato, sea cual sea el género que toma como ejemplo, tiene como principal rasgo definitorio la extrema brevedad compositiva y que ésta responde a una nueva percepción de la vida. De esta forma, la minificción se convierte en un género testigo de su época que refleja de forma bastante explícita algunas de las caracterísicas principales de la posmodernidad. En una sociedad, la occidental, en la que el principal imperativo es la prisa y la productividad, el microrrelato concentra su genio literario en pequeñas pinceladas, en breves destellos de lucidez. No hay lugar ni tiempo para lo digresivo, para lo superficial, para lo fútil. A este respecto, el escritor norteamericano Charles Johnson parece dar en la clave de esa relación que mantiene el microrrelato con su época:

La narración ultracorta es, si no otra cosa, sintomática de una época en la que la velocidad lo es todo, en la que se admira al Concorde porque ahorra tiempo, y en la que nuestros ritmos han sido condicionados por programas que interrumpen a intervalos de nueve minutos para dejar paso a los anuncios; una era de "resúmenes y compendios" que produce vídeos musicales de tres minutos para adolescentes, a base de cortas concentraciones de atención; restaurantes de comida y divorcios de veinticuatro horas ¿Hay quién ponga en duda que para el lector fatigado, acosado por la falta de tiempo, con docenas de cosas que disputan su atención, la narración ultracorta no es otra cosa que la versión literaria de un pinchazo rápido de heroína?

Así pues, la micronarrativa, por encima de sus múltiples posibilidades de materialización, quedaría definida en gran parte por su brevedad. Pero, como ocurre siempre en literatura, cualquier definición de género plantea dudas e inconvenientes, además de que la práctica literaria se encarga a menudo de ofrecer contraejemplos. Un microrrelato en efecto ha de ser breve, pero ¿"cuánto"? ¿Qué extensión es la mínima y, sobre todo, cuál la máxima? ¿Dónde acaba un microrrelato y empieza un cuento de corte más clásico? Y, aun estableciendo un límite, ¿cuáles son las marcas que diferencian a un microcuento de un poema en prosa o del puro aforismo? Los interrogantes planteados no hallan una fácil solución. Si se adopta una actitud excesivamente normativa siempre se corre el riesgo de incurrir en la redacción unos decálogos que aportan una visión muy limitada de la realidad literaria. Pero si se es demasiado condescendiente existe el peligro de considerar el género como una especie de cajón de sastre en el que cabe cualquier texto hiperbreve. Desde aquí se intentará realizar una aproximación de carácter descriptivo a las diferentes formulaciones que se dan en el ámbito de la micronarrativa y a partir de ese análisis y de las diferentes teorías ofrecidas por la crítica intentar establecer cuáles son los mecanismos que funcionan en un microrrelato y que lo distinguen de otros géneros. El problema de la extensión es mucho más complejo por cuanto también puede llegar a depender de cuestiones tipográficas. Es decir, si se toma como medida de referencia la página –por ejemplo, considerar que un microrrelato debe ocupar entre una página y una página y media, a lo sumo dos– entonces entran en juego factores como el tamaño de fuente que manejan las editoriales. Tampoco parece que fundamentar la delimitación de género en un recuento exacto de las palabras que componen un texto sea un criterio que dé respuesta satisfactoria a la complejidad de la cuestión. Por lo tanto, los márgenes de la extensión serán siempre difícilmente delimitables "quizá porque no es ésa la cuestión principal"[1].



[1] Fernando Valls, “La ‘abundancia justa’: el microrrelato en España”, El cuento en la década de los noventa, José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (Eds.), Visor, Madrid, p. 645.

viernes, 5 de agosto de 2011

UN AÑO DE LA TIJERA DE LISH



Pues sí, el tiempo pasa amigos. Un añito ya. Y la experiencia ha sido mucho más positiva y enriquecedora de lo que esperaba gracias a todos los que os habéis pasado por aquí. No sé cuánto tiempo más podré seguir alimentando este blog, porque entre las clases, la familia (con un niño de dos años que no para) y una novela que tengo en mente y querría empezar a la mayor brevedad, no me será fácil encontrar huecos para seguir publicando entradas. En todo caso, lo que he aprendido este año ahí queda. Repito: gracias a vosotros.

Así que por orden de aparición, y uno por uno, vayan pasando para que les dé un fuerte abrazo como muestra de mi agradecimiento más sincero todos aquellos que han contribuido con sus comentarios a darle vida a este espacio:

Jesus Esnaola (no es casual que fueras el primero), Pablo Gonz, Hugo García Saritzu, Andreu (mi padre), Antonio (mi tío), Manu Espada, Agus Martínez Valderrama, Consuelo (mi madre), Gabriel Biurrun de Baquedano (el incomparable Propílogo), Alberto Corujo, Lola Sanabria, Rosana Alonso, Araceli Esteves, Alberto Flecha, Manuel Ferrero, Rafael Teruel (mi hermano, el artista), Torcuato González Toval, Francesc Cornadó, Toni Motera (gran amigo y excelente profesor y crítico), Iria, Humberto Dib, Patricia Nasello, Rocío Romero, Anita Dinamita, Maite García Vicuña, Elisa de Armas, Johnny Riesgo, Nadia, Vera Kukharava, Miguel A. Molina, No Comments (indio-David), Pedro Alonso, Arión y Gemma Pellicer.

A los treinta y cinco, treinta y cinco millones de GRACIAS.

domingo, 17 de julio de 2011

DOS MICROS INÉDITOS EN LA NAVE DE LOS LOCOS



Fernando Valls tuvo ayer la enorme gentileza de invitarme a pasar a bordo de su prestigiosa nave. Desde aquí, nuevamente gracias. Me hacía especial ilusión poder disfrutar de la travesía. Allí encontraréis dos micros inéditos que espero sean de vuestro agrado. Dejo el enlace:

jueves, 14 de julio de 2011

FETICHE

Foto número novecientos setenta y tres de la serie. El Dr. Dionisio Ridaura comprueba en la pantalla de su cámara digital que el resultado vuelve a ser óptimo. Sonríe satisfecho. El estampado de flores rosáceas con fondo negro del vestido y el escote de pico realza la esencia de lo que siempre busca en estos retratos. “¡Lista señorita!”. El doctor acompaña a la joven a la puerta de su estudio de fotógrafo aficionado. Cuando ella se da la vuelta y le ofrece la espalda, su cintura de niña y el bamboleo de sus andares, él la sigue con una mirada salaz. Y pronuncia en su mente, por noningentésima septuagésima tercera vez, la misma convicción de siempre: “Las mujeres de mandíbula angulosa son las que mejor hacen el amor”.

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Este micro nació al calor de una iniciativa impulsada por Fernando Valls en su blog La nave de los locos. Se trataba de escribir un micro a partir de este retrato del fotógrafo Thomas Ruff, ganador del Premio PHotoEspaña 2011. Por otra parte, tengo que anunciar, que, después de una prolongada sequía, ya tengo algunas cosillas para ir colgando. Saludos y de nuevo bienvenidos.

martes, 14 de junio de 2011

MICRORRELATOS DE ALUMNOS I


Bueno, a la espera de encontrar tiempo para seguir nutriendo el blog con creaciones propias, voy a iniciar una serie con algunos de los microrrelatos que escribieron hace un par de semanas los alumnos de 4º de ESO de una asignatura optativa que he impartido este año. Seguí el procedimiento de ReC: yo les di la primera frase y ellos debían continuarla.

Igual no tengo la distancia afectiva suficiente como para valorarlos con cierta objetividad, pero hay algunos que me parecen realmente brillantes. Recuerdo que son alumnos de entre 15 y 16 años. Ahí os dejo los dos primeros, a ver qué os parecen.


SOLEDAD
Taïme Smit Pellure

Han vuelto. Pero ella sigue como siempre: durmiendo ajena a todo. Han vuelto. Llenan los pasillos con sus risas, sus palabras seseantes, su regocijo. Corren de arriba abajo, olvidándome, sin mirarme. Han vuelto y su presencia me la ha arrebatado. A veces, uno repara en mí, y entonces todo se detiene. Me sonríe, me habla. Yo me retuerzo, horrorizado. Y ella no acude, una vez más, no quiere salvarme. Poco a poco, la llamo, rompiendo el silencio de la sala. Me levanto, avanzo hacia la puerta... Y entonces recuerdo que mis manos tampoco pueden acudir. Miro hacia abajo. El manto blanco, retorcido a mi alrededor, asfixiante, las paredes blancas, la puerta plateada..., el suelo duro, el silencio, la luz brillante. Se han ido.

Pero volverán, sé que volverán.

JUNTO A LAS DEMÁS SE PUDRE SIN NOMBRE
María Fernández Daranas

"Han vuelto. Pero ella sigue igual que siempre: durmiendo ajena a todo. Pero si despierta..." Se rompió de un golpe la ilusión contra el suelo al ver a través de mí que ya estaba despierta. Vi cómo los sueños desangraban sus palabras en mi mente. Vi el mundo caer. Se rasgó desde lejos esa maldita página donde se escribía un final. Yo les observé atónita desde la cama y leí en susurros un último aliento: "Si despierta, se acaba..." Se fue. Sólo un montón de recuerdos no vividos descosiendo mi realidad. Cerré el libro, nunca habían estado, nunca habían vuelto.
Paró de escribir, arrugó la hoja y la tiró a la basura, cuando supo que no era más que un personaje.


miércoles, 18 de mayo de 2011

sábado, 14 de mayo de 2011

A BOCAJARRO

“Esta vez no erraré el tiro”. Martínez lleva repitiéndoselo desde que ha salido de casa, convencido de que el eco de la frase resonando por los flancos de su conciencia ahuyentará el miedo que lo hizo fallar la vez anterior. Entonces tuvo a su objetivo bien cerca, de espaldas, indefenso y vulnerable, pero sus músculos empezaron a castañetear porque sintió vértigo y dudas, y porque acometer por la espalda le pareció una bajeza. Ahora no fallará. Sentado y expectante, aguarda a que el señor Barrientos detenga su explicación, lo mire con la sorna habitual y pronuncie las palabras que revuelven su dignidad: “Martínez, el café”.

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Como estoy bastante seco últimamente, cuelgo un micro que tenía por ahí guardado y casi olvidado.

lunes, 21 de febrero de 2011

REVISTA REDES PARA LA CIENCIA

El otro día decía que estaba un poco distraído y que tenía la vena creativa un tanto reseca. Joder, si es que no paran de darme alegrías. Hoy ha salido el número 12 de la revista Redes para la ciencia, del gran Eduardo Punset. En su interior, en la página 73, aparece la nueva versión de mi relato "El sorteo", que colgué por aquí no hace tanto. Como comprenderéis, la alegría que siento es inmensa. Y no puedo sino agradeceros a todos los que os pasáis por aquí haber contribuido a la mejora de mis textos. Creo que os debo una parte importante. Entre otras cosas la seguridad a la hora de escribir. La semana que viene cuelgo la última de las sorpresas tan agradables que me ha deparado este febrero de 2011.

lunes, 14 de febrero de 2011

BABYLON MAGAZINE: sorpresa mayúscula


Bueno, esto de la red, de la comunicación globalizada, llega a deparar sorpresas mayúsculas como la que me he llevado hoy. Resulta que andaba paseando distraído por el buscador Bing después de haber introducido mi nombre en el motor de búsqueda (recurrente pérdida de tiempo a la que me entrego a menudo), cuando he visto mi nombre relacionado con el blog del ilustrador Juan García, a quien hasta hoy no tenía el gusto de conocer. Cuál es mi sorpresa cuando veo que ha ilustrado mi micro "La espera". Sorpresa que se ve incrementada cuando compruebo, además, que esa ilustración se ha publicado en el número 13 de la revista Babylon Magazine. Voy a la página web de la publicación para consultar la versión online y, efectivamente, en las páginas 86-87 (con lo cual a doble página) figura la ilustración con mi relato y su traducción al inglés sobreimpresos. La versión del micro es la inicial, algo más extensa, más lírica y más oscura que la que colgué por aquí no hace tanto. En fin, os dejo la ilustración sin el texto sobreimpreso. El montaje completo lo encontraréis en la versión online de la revista (páginas 86-87):

http://issuu.com/babylonmagazine/docs/bm13/86


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*Lo que sí me sorprende bastante es que una revista que hace tiradas de 40.000 ejemplares y distribuye en más de 40 países publique una obra sin el consentimiento de su autor. Porque a mí nadie me ha pedido autorización para publicar. No sé hasta qué punto eso es legal.

*Respecto a la publicación sin consentimiento todo aclarado y resuelto, como comento más abajo. No medió la mala fe sino un error humano. Así que nada, muchas gracias a Babylon Magazine por la publicación.

miércoles, 2 de febrero de 2011

CONCURSO "LOS POBRES DESGRACIADOS HIJOS DE PERRA" DE TUSQUETS


Ayer recibí un mail de Tusquets en el que me comunicaban que mi relato "Inseparables" ha sido seleccionado como uno de los cinco ganadores del Concurso "Los pobres desgraciados hijos de perra", organizado para patrocinar el nuevo libro de Carlos Marzal. El premio es ese precisamente: un ejemplar de la obra y dos camisetas exclusivas. No es demasiado suntuoso, pero yo estoy más contento que unas castañuelas. De momento solo han publicado el resultado en la página de Tusquets en Facebook, y hay que hacer un pequeño esfuerzo para encontrarlo. A ver si lo cuelgan en la página oficial del concurso.

Os dejo el relato.


INSEPARABLES

Los recuerdo metidos en el armario de la habitación del hotel, balbuceando cosas sin sentido, atacados a cada momento por una risita espasmódica que les aflojaba el equilibrio y los obligaba a apoyarse el uno en el otro. Cualquiera que los conociera un poco sabía que estaban exagerando el efecto de unas cuantas caladas que habían dado a un porro por las calles del centro de Sevilla. Cualquiera que los conociera un poco, y yo los conocía bastante, sabía que les gustaba ser el centro de atención permanente. Así que estaban sobreactuando. Pese a todo, su actitud provocó que algunos compañeros se asomaran preocupados a nuestra habitación e insistieran en preguntarles si se encontraban bien. Fue en nuestro viaje de fin de curso del instituto. Y quizás retuve aquella imagen porque significaba una tregua y porque definía muy bien la relación de ambos con el mundo. Las otras dos imágenes, la que antecedió y la que sucedió a esta, eran más habituales, y definían, mejor aún, su atormentada relación de amigos inseparables.

El día anterior creí que se mataban. Se habían enzarzado por una banalidad, como siempre, pero en un momento de la discusión se produjo una alusión punzante de uno al orgullo del otro. Lo cierto es que esta vez las palabras se envenenaron de forma involuntaria. Porque lo que no sabía Hugo, que por aquella época salía con Sandra, es que Darío también llevaba un mes enrollado con ella. Me había confesado que estaba enamorado hasta las trancas, que se tambaleaba por dentro cuando la veía y que el suelo se deshacía bajo sus pies cuando la besaba, que entonces creía flotar. Chocaba escucharlo hablar así mientras Hugo se recreaba contándome sus avances y descubrimientos por el cuerpo adolescente de Sandra. Así que cuando en un momento de la discusión, Hugo dijo que a él al menos se la chupaban, algo muy profundo se le revolvió a Darío, que le lanzó un puñetazo a la boca. No fueron solo celos. Fue esa impudicia arrogante y vulgar con la que Hugo habló nuevamente de su intimidad con Sandra. Acabaron con un labio partido uno y con un ojo morado el otro. Y por la noche los vi borrachos y abrazados en un bar, susurrándose torpemente que a pesar de todo siempre serían amigos.

No recuerdo bien cómo terminamos en la habitación de aquellas italianas. De hecho, nada de lo ocurrido aquella última noche resulta demasiado preciso en mi memoria ante la nitidez de un único instante, alrededor del cual parece diluirse todo lo demás. Creo ver al milímetro el momento en que la botella salió de la mano de Hugo. Entonces el aire pareció perder densidad y la botella trazó una recta vertiginosa hasta crujir en la cabeza de Darío, que cayó desplomado. Recuerdo la expresión de horror de las cuatro italianas, sus gritos aterrados, la sangre que inundó inmediatamente la cara de Darío, los cristales rotos desperdigados por la moqueta, el rumor de pasos acelerados que empezó a llegar del pasillo, la mirada perdida de Hugo. La transparencia que adquieren aquellos segundos en mi cabeza difumina todo lo que sucedió antes: creo recordar a Hugo en una cama haciendo manitas con una de las italianas; creo recordar que esa italiana había piropeado a Darío y que por eso Hugo se había metido en su cama; creo recordar que en algún momento Hugo y la italiana empezaron a besarse; y creo recordar perfectamente que en aquel instante Darío lanzó un dardo que cortó el aire: “Ya no te importará saber que Sandra también me la chupa a mí”.


domingo, 9 de enero de 2011

REVISTA NARRATIVAS: publicación de microrrelato



Ya ha salido el nº 20 de la revista digital Narrativas, en el que han tenido a bien publicar mi relato "Sábanas grises". Si deseáis descargaros la publicación, podéis hacerlo pinchando aquí.