lunes, 16 de enero de 2012

ANTOLOGÍA GRANDES MICRORRELATOS DE 2011, DE LA INTERNACIONAL MICROCUENTISTA

No me queda sino agradecer a la Internacional Microcuentista el impulso de esta iniciativa. Sobre todo por lo que tiene de apertura: en un universo tan absolutamente inabarcable como el de la blogosfera, esta antología hace posible conocer a autores de un circuito diferente al propio. Y eso nos enriquece y nos estimula. Aunque sigamos teniendo la sensación de que no damos abasto.  Me olvidaba decir lo que debería haber dicho en primer lugar: que el resultado de la antología es excelente. 


Gracias también, cómo no, a Patricia Nasello. Por permitirme esta alegría. 

martes, 10 de enero de 2012

1996 TAMBIÉN FUE UN AÑO BISIESTO

i. m. Manuel Teruel

El sonido del teléfono asalta la fibra del miedo del joven de quince años, que al entrar por la puerta del comedor, mira hacia arriba, con los ojos de rodillas. En unos minutos gritará que Dios no existe y que si existe es un hijo de puta. Esa es la última vez que creerá en él. Es un nueve de enero de 1996.

Nueve de enero de 2012: una alumna de dieciséis años va al encuentro de su tutor, le pregunta si tiene un momento, y en medio del pasillo le dice que han vuelto a ingresar a su padre. No hay tratamiento, confiesa. El tutor balbucea unas palabras de ánimo mientras su memoria sale disparada hacia atrás, a otras palabras que sonaron como estas, a plomo hueco: la voz al otro lado del teléfono y el mundo en quiebra por primera vez: oye, que tu tío ha muerto. Se pasa el día pensando en la terrible simetría, y cuando llega a su casa intenta dar forma a su perplejidad a través de un escrito. Alcanza hasta aquí. La pena se le enreda en los ojos y el recuerdo se le hace líquido mientras escribe estas líneas. 

sábado, 7 de enero de 2012

LA OTRA FILA



A Rosana Alonso

El cielo tiene color de carretera gastada, quizás de chapa de desguace. Mientras mira hacia arriba, el poeta vuelve a pensar en versos, a pesar de todo, a pesar de que ya nada es propicio. Una mano da dos toques en su hombro y el poeta devuelve sus ojos al frente: la fila avanza. Cada vez es peor. Y cada vez se pregunta por qué vuelve. Por qué vuelven todos. Ante él, un horizonte de espaldas rendidas. Si mira hacia atrás, una sucesión de muecas grises. Y desde hace semanas, incluso las palabras se han agotado: ya nadie habla. El poeta piensa: el silencio es el sonido de la derrota. Pero la fila se sucede cada día, sin descanso, obstinada, interminable, culebreando entre calles derruidas. La desesperación produce momias o autómatas, piensa. Ellos son las dos cosas. Un zumbido ronco raspa el aire mientras la fila progresa y la distancia se acorta. Llega el turno del poeta. Ante él se yergue el muro. Y en el centro del muro se encuentra el timbre. El poeta hunde su dedo en él, durante cinco segundos. Lo mira fijamente. Se marcha. El que le sigue en la fila repite la acción. 

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*Inicio el año con este micro que me publicó Fernando Valls en La nave de los locos allá por noviembre. Creo que hoy es un buen día para colgarlo. Rosana sabe por qué. La fotografía está tomada de la red. Si comprometiera algún derecho, la retirararía inmediatamente.